Las ventajas de ser
invisible, de Stephen Chbosky
Por Luna Dalila Gaudiero
“En cualquier caso,
Patrick empezó a conducir verdaderamente rápido y, justo antes de que
llegáramos al túnel, Sam se levantó, y el viento convirtió su vestido en un
océano de olas. Cuando entramos en el túnel, todo el sonido desapareció en el
vacío y lo sustituyó una canción en el radiocasete. Una canción preciosa
llamada Landslide. Cuando salimos del
túnel, Sam soltó un grito de pura diversión y allí estaba: el centro de la
ciudad. Luces sobre los edificios y todo lo que hace que te asombres. Sam se
sentó y empezó a reír. Patrick empezó a reír. Yo empecé a reír.
Y, en
ese momento, juro que éramos infinitos.”

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